
De las cinco administraciones municipales solo la del "Yaco" Arata y la de Iván Paredes (que a estas alturas tiene el reconocimiento tácito de sus adversarios y explícito de sus seguidores de ser una administración eficiente, eficaz y libre de irregularidades y corrupción) han estado exentas de hechos delictuales. Las demás, en diverso grado, han estado teñidas por hechos de corrupción plenamente comprobados.
No cabe duda alguna que la mejor gestión municipal es la que lideró Iván Paredes. Los ariqueños vieron a un audaz joven concejal, por supuesto en una época de mayor generosidad para reconocer las potencialidades de quién sería a la postre un gran aporte para el desarrollo económico, social y cultural de nuestra ciudad. Después, poco a poco se fue diluyendo la generosidad de los primeros tiempos y la rumorología chismosa y ociosa fue haciendo su labor en que lamentablemente algunos recogen y echan a correr para fines espurios y abyectos.
En este contexto se dieron las condiciones para proponer un romántico eterno anhelo de la elite económica ariqueña: un alcalde netamente ariqueño, de formación académica y despolitizado.
Los ariqueños, en una equivocada visión, creen que un candidato a ocupar un cargo público en la ciudad debe ser una persona oriunda e, incluso, se usa como recurso politiquero de descalificación el no haber nacido en Arica, pretendiendo ver en esta condición como un defecto que hay que explotar para perjudicar al afuerino, que en realidad es tan ariqueño o más de los que lo dicen ser para efectos electoreros. Y esto es tan extremo, que recuerdo una vez en una elección para parlamentario, se aludió al lugar de nacimiento de Nino Baltolú, que es Bolivia. Que conste que el ataque no venía precisamente de sus oponentes políticos, sino desde su misma coalición se cuestionaba -casi facistoidemente- que no haya nacido en Arica.
El hecho de que un edil o diputado no hayan nacido en la ciudad que representan, no debiera ser un impedimento para ocupar un cargo público, ni tampoco debe ser un motivo para atacarlo discriminatoriamente, pues la empírica nos ha mostrado que hijos de esta tierra que han ocupado cargos públicos de elección popular han sido verdaderos fiascos que han perjudicado al patrimonio ariqueño. En este sentido, debieran ser pocos los ariqueños que se tragan eso de "la sangre ariqueña" y no desean ser más estafados con estos recursos electorerospublicitarios de este tipo
Valcarce y Sankán representan, o mejor dicho representaban, el arquetipo de ciudadano que los ariqueños soñaban para la alcaldía o para su representación parlamentaria. Los dos ariqueños, los dos de conocidas familias ariqueñas, los dos ingenieros, los dos aparecían -no obstante su filiación política- como despolitizados: alejados del debate, del conflicto, de la deliberación pública, que el afuerino representaba. Si bien uno (Valcarce) proviene de la derecha, funcionario de la dictadura, con un fuerte apoyo de los estratos socioeconómicos más acomodados de Arica y, el otro, (Sankán) proveniente de la Concertación, su padre fue detenido político de la dictadura y con más apoyo en sectores medios, los dos han sido protagonistas de un mismo rol: acusados de corrupción por la justicia. Además, la supuesta expertise que representan sus títulos universitarios, Valcarce, ingeniero comercial, Sankán, ingeniero civil, dejaron en tela de juicio su capacidad profesional, en circunstancias que Iván Paredes no teniendo título profesional universitario logró administrar el municipio con una tremenda eficiencia y, cuando se requería, con plena eficacia.
Recuerdo un rito muy simbólico entre Sankán y Valcarce después del conteo de los votos en una elección, que no rememoro exactamente cuál fue. Sucedió que en las gradas de la Iglesia San Marcos, frente a la plaza Colón, eufóricos se abrazaron y levantaron sus brazos en señal de victoria, Carlos Valcarce y Waldo Sankán: era el supuesto triunfo de la erótica ariqueña frente a la arrogancia del advenedizo y afuerino. El tiempo enseñó que fue una derrota para Arica.
Los ariqueños creyeron que probarían el sueño perennemente deseado del ariqueñismo... ese que viene de los Valente, de los Atencio, de los Palza, de los Arata, de los Guillén Canales... es decir, verdaderos ariqueños que amaron a su ciudad. Pero la decepción fue brutal para seguir sosteniendo esa erótica del ariqueñismo.
Y por la antípoda, está el que deliberó, el que debatió, el que denunció, el del conflicto, al que un sector de Arica le reprocha no haber nacido en esta tierra, que con un cierto clasismo lo desprecia por provenir de estratos populares y lo ve como un advenedizo intruso, arrogante, irreverente que desordena "el orden" y la "buena onda" que siempre hubiesen deseado tener. ¿Para que?, ahora todos lo sabemos.
Se conoce menos de él, porque no nació en Arica. Coinciden con la presidenta Michelle Bachelet en una misma filosofía política y que su padre también perteneció a la aviación. No asistió al mismo liceo de los que lo desprecian, no vivió en el mismo barrio tampoco, de seguro nunca asistió al colegio San Marcos ni escuchó a los Flaming Star o a los Catedráticos, o sea, la identificación es más lejana. No obstante, es también un ariqueño, porque no basta sólo haber nacido en nuestra querida ciudad para quien ostenta de dicha condición como currículum en una postulación electoral, sino también hay que respetar a todos los ciudadanos de esta tierra de tal manera que éstos no se sientan estafados por los desaguisados de los líderes que eventualmente obtienen el comando político y municipal de la ciudad.
Paredes regresó y tiene el apoyo de quienes más se identifican con él: los sectores poblacionales, las familias que logran sobrevivir con $200.000 mensuales, los cuales se sienten reivindicados con los logros de Paredes. Además, los sectores medios cansados de ser estafados se han reencantados y reconocen en el ex alcalde y ex diputado la persona adecuada y más idónea para ocupar el máximo sillón edilicio. Todos los avatares vergonzosos y delictuales ocurridos con los últimos alcaldes debieran servir para que la politización regrese a Arica, y con ello se redescubra nuestra sociedad local; así el ariqueño no sólo puede ser un simple vecino sino también un ciudadano consciente que los acontecimientos tienen relevancia para el diario vivir. No asistir a votar o votar nulo y blanco no le sirve a Arica. El que no asiste a votar tiene que entender la tragedia y la complejidad de lo que ha pasado en la ciudad; tiene que entender que hay un mundo afuera y que es necesario construir una Arica viable.
Paredes ha logrado la transversalidad con sangre, sudor y lágrimas. Los empresarios de Arica, íntimamente, y algunos expresamente, ven en Iván Paredes un alcalde gestionador y articulador de la implementación de herramientas para potenciar el desarrollo económico de Arica. Quizás, una cierta élite económica de Arica lo desprecia, del mismo modo que lo hacen los infaltables arribistas que no solo imitan a esa élite en el consumismo, sino también en sus opciones políticas.
Es importante saber que la municipalidad es una instancia autónoma de la Administración del Estado. Tiene el control de las materias locales, tales como el aseo de las calles y plazas, la salud y educación a nivel de atención primaria.
La ley Orgánica Constitucional de Municipalidades regula las audiencias públicas y las oficinas de reclamos que cada municipalidad debe tener a disposición de los vecinos, y le exige a la municipalidad responder a los reclamos en un plazo máximo de 30 días. En relación a las audiencias públicas, se establecen que estas pueden ser tanto de propia iniciativa del alcalde y concejales de la comuna, como de iniciativa impulsada por al menos 100 ciudadanos, quienes fundamenten la materia que solicitan discutir.
Al alcalde le corresponde la dirección, administración superior y supervigilancia del funcionamiento de la Municipalidad. El Concejo Municipal es un órgano de carácter resolutivo y fiscalizador, al que le corresponde decidir sobre las proposiciones del alcalde. Entre ellas destaca el plan de desarrollo comunal, el presupuesto de la Municipalidad, el plan regulador del territorio de la comuna, las políticas de salud y educación, entre otras materias
Hay que tener claro que un alcalde tiene mucho poder, mucho más que un diputado. El alcalde maneja una importante cantidad de recursos, y su administración afecta muy directamente a los ciudadanos y al progreso económico, social y cultural de la ciudad. En este sentido Arica no tiene margen de error, no nos podemos equivocar, como lamentablemente ocurrió con los últimos ediles que han terminado siendo acusados por escandalosos actos de corrupción.
Digámoslo sin ambages, en esta elección municipal ariqueña se enfrentan Paredes, Valcarce y Sankán, con todo el respeto hacia los otros candidatos que indudablemente pueden ser un tremendo aporte para el devenir de Arica, pero que en esta oportunidad límite, de visagra, entre decidir por lo mismo -algunos candidatos están sirviendo de fachada para mantener al séquito de las últimas cuestionadas administraciones municipales- o por un cambio de timón en que se visualice una verde esperanza, su turno no está para esta ocasión en que se requiere honestidad, carácter, experiencia, gestión y alguien que realmente pueda ejercer liderazgo.
No cabe duda alguna que la mejor gestión municipal es la que lideró Iván Paredes. Los ariqueños vieron a un audaz joven concejal, por supuesto en una época de mayor generosidad para reconocer las potencialidades de quién sería a la postre un gran aporte para el desarrollo económico, social y cultural de nuestra ciudad. Después, poco a poco se fue diluyendo la generosidad de los primeros tiempos y la rumorología chismosa y ociosa fue haciendo su labor en que lamentablemente algunos recogen y echan a correr para fines espurios y abyectos.
En este contexto se dieron las condiciones para proponer un romántico eterno anhelo de la elite económica ariqueña: un alcalde netamente ariqueño, de formación académica y despolitizado.
Los ariqueños, en una equivocada visión, creen que un candidato a ocupar un cargo público en la ciudad debe ser una persona oriunda e, incluso, se usa como recurso politiquero de descalificación el no haber nacido en Arica, pretendiendo ver en esta condición como un defecto que hay que explotar para perjudicar al afuerino, que en realidad es tan ariqueño o más de los que lo dicen ser para efectos electoreros. Y esto es tan extremo, que recuerdo una vez en una elección para parlamentario, se aludió al lugar de nacimiento de Nino Baltolú, que es Bolivia. Que conste que el ataque no venía precisamente de sus oponentes políticos, sino desde su misma coalición se cuestionaba -casi facistoidemente- que no haya nacido en Arica.
El hecho de que un edil o diputado no hayan nacido en la ciudad que representan, no debiera ser un impedimento para ocupar un cargo público, ni tampoco debe ser un motivo para atacarlo discriminatoriamente, pues la empírica nos ha mostrado que hijos de esta tierra que han ocupado cargos públicos de elección popular han sido verdaderos fiascos que han perjudicado al patrimonio ariqueño. En este sentido, debieran ser pocos los ariqueños que se tragan eso de "la sangre ariqueña" y no desean ser más estafados con estos recursos electorerospublicitarios de este tipo
Valcarce y Sankán representan, o mejor dicho representaban, el arquetipo de ciudadano que los ariqueños soñaban para la alcaldía o para su representación parlamentaria. Los dos ariqueños, los dos de conocidas familias ariqueñas, los dos ingenieros, los dos aparecían -no obstante su filiación política- como despolitizados: alejados del debate, del conflicto, de la deliberación pública, que el afuerino representaba. Si bien uno (Valcarce) proviene de la derecha, funcionario de la dictadura, con un fuerte apoyo de los estratos socioeconómicos más acomodados de Arica y, el otro, (Sankán) proveniente de la Concertación, su padre fue detenido político de la dictadura y con más apoyo en sectores medios, los dos han sido protagonistas de un mismo rol: acusados de corrupción por la justicia. Además, la supuesta expertise que representan sus títulos universitarios, Valcarce, ingeniero comercial, Sankán, ingeniero civil, dejaron en tela de juicio su capacidad profesional, en circunstancias que Iván Paredes no teniendo título profesional universitario logró administrar el municipio con una tremenda eficiencia y, cuando se requería, con plena eficacia.
Recuerdo un rito muy simbólico entre Sankán y Valcarce después del conteo de los votos en una elección, que no rememoro exactamente cuál fue. Sucedió que en las gradas de la Iglesia San Marcos, frente a la plaza Colón, eufóricos se abrazaron y levantaron sus brazos en señal de victoria, Carlos Valcarce y Waldo Sankán: era el supuesto triunfo de la erótica ariqueña frente a la arrogancia del advenedizo y afuerino. El tiempo enseñó que fue una derrota para Arica.
Los ariqueños creyeron que probarían el sueño perennemente deseado del ariqueñismo... ese que viene de los Valente, de los Atencio, de los Palza, de los Arata, de los Guillén Canales... es decir, verdaderos ariqueños que amaron a su ciudad. Pero la decepción fue brutal para seguir sosteniendo esa erótica del ariqueñismo.
Y por la antípoda, está el que deliberó, el que debatió, el que denunció, el del conflicto, al que un sector de Arica le reprocha no haber nacido en esta tierra, que con un cierto clasismo lo desprecia por provenir de estratos populares y lo ve como un advenedizo intruso, arrogante, irreverente que desordena "el orden" y la "buena onda" que siempre hubiesen deseado tener. ¿Para que?, ahora todos lo sabemos.
Se conoce menos de él, porque no nació en Arica. Coinciden con la presidenta Michelle Bachelet en una misma filosofía política y que su padre también perteneció a la aviación. No asistió al mismo liceo de los que lo desprecian, no vivió en el mismo barrio tampoco, de seguro nunca asistió al colegio San Marcos ni escuchó a los Flaming Star o a los Catedráticos, o sea, la identificación es más lejana. No obstante, es también un ariqueño, porque no basta sólo haber nacido en nuestra querida ciudad para quien ostenta de dicha condición como currículum en una postulación electoral, sino también hay que respetar a todos los ciudadanos de esta tierra de tal manera que éstos no se sientan estafados por los desaguisados de los líderes que eventualmente obtienen el comando político y municipal de la ciudad.
Paredes regresó y tiene el apoyo de quienes más se identifican con él: los sectores poblacionales, las familias que logran sobrevivir con $200.000 mensuales, los cuales se sienten reivindicados con los logros de Paredes. Además, los sectores medios cansados de ser estafados se han reencantados y reconocen en el ex alcalde y ex diputado la persona adecuada y más idónea para ocupar el máximo sillón edilicio. Todos los avatares vergonzosos y delictuales ocurridos con los últimos alcaldes debieran servir para que la politización regrese a Arica, y con ello se redescubra nuestra sociedad local; así el ariqueño no sólo puede ser un simple vecino sino también un ciudadano consciente que los acontecimientos tienen relevancia para el diario vivir. No asistir a votar o votar nulo y blanco no le sirve a Arica. El que no asiste a votar tiene que entender la tragedia y la complejidad de lo que ha pasado en la ciudad; tiene que entender que hay un mundo afuera y que es necesario construir una Arica viable.
Paredes ha logrado la transversalidad con sangre, sudor y lágrimas. Los empresarios de Arica, íntimamente, y algunos expresamente, ven en Iván Paredes un alcalde gestionador y articulador de la implementación de herramientas para potenciar el desarrollo económico de Arica. Quizás, una cierta élite económica de Arica lo desprecia, del mismo modo que lo hacen los infaltables arribistas que no solo imitan a esa élite en el consumismo, sino también en sus opciones políticas.
Es importante saber que la municipalidad es una instancia autónoma de la Administración del Estado. Tiene el control de las materias locales, tales como el aseo de las calles y plazas, la salud y educación a nivel de atención primaria.
La ley Orgánica Constitucional de Municipalidades regula las audiencias públicas y las oficinas de reclamos que cada municipalidad debe tener a disposición de los vecinos, y le exige a la municipalidad responder a los reclamos en un plazo máximo de 30 días. En relación a las audiencias públicas, se establecen que estas pueden ser tanto de propia iniciativa del alcalde y concejales de la comuna, como de iniciativa impulsada por al menos 100 ciudadanos, quienes fundamenten la materia que solicitan discutir.
Al alcalde le corresponde la dirección, administración superior y supervigilancia del funcionamiento de la Municipalidad. El Concejo Municipal es un órgano de carácter resolutivo y fiscalizador, al que le corresponde decidir sobre las proposiciones del alcalde. Entre ellas destaca el plan de desarrollo comunal, el presupuesto de la Municipalidad, el plan regulador del territorio de la comuna, las políticas de salud y educación, entre otras materias
Digámoslo sin ambages, en esta elección municipal ariqueña se enfrentan Paredes, Valcarce y Sankán, con todo el respeto hacia los otros candidatos que indudablemente pueden ser un tremendo aporte para el devenir de Arica, pero que en esta oportunidad límite, de visagra, entre decidir por lo mismo -algunos candidatos están sirviendo de fachada para mantener al séquito de las últimas cuestionadas administraciones municipales- o por un cambio de timón en que se visualice una verde esperanza, su turno no está para esta ocasión en que se requiere honestidad, carácter, experiencia, gestión y alguien que realmente pueda ejercer liderazgo.
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